26 de febrero

Estar a mi lado en un concierto suele ser comparable a estar al lado de una farola. Si me hablas mucho lo más seguro que asienta con la cabeza a pesar de que no haya entendido nada de lo que me digas. El siguiente paso será alejarme disimuladamente (o eso creo) y plantarme en otra zona donde haya menos probabilidades de que alguien me hable. Que se me hable entre canción y canción sí lo considero tolerable. No estoy tan chalado, aún.

Por otro lado, no soy de los que mandan callar en conciertos, ni a los conocidos ni a los desconocidos. ¿Es porque sea tolerante con la gente que acude a conciertos a contarse la vida? ¿Me resulta menos molesto que a otra gente? No, pero mi estrategia con este tema es abstraerme. Mandar callar a la gente suele ser una batalla perdida y, siendo prácticos, lo fácil es hacer un ejercicio de aislamiento mental y centrarse sólo en el concierto.

Suelto este rollo porque una de las cosas que más nos gustan de HiJauh son los momentos en los que viene alguien con la intención de hacer la música más suave del mundo y se crea el silencio necesario para que pueda ser escuchada como merece. Y este domingo vamos a tener una oportunidad de disfrutar de uno de esos momentos. Viene Isasa y viene con su guitarra, claro. Esto va a ser, de lejos, lo más parecido a tener a John Fahey en HiJauh que vamos a ver en muchos años. Si el nombre de John Fahey te dice algo ya sabes qué puedes esperar de Isasa. Si no, estamos hablando de alguien que se sube en una barca y se pone a navegar por el río usando la guitarra para remar. Y en ese río hay tramos muy tranquilos, de meandros, donde la guitarra apenas hace ruido al entrar en el agua, pero hay también tramos donde el agua salpica y es inevitable mojarse. En cualquier caso, metáforas de recién despertado aparte, lo que vamos a ver es alguien que se fusiona con su instrumento y eso siempre, siempre, siempre es bonito de ver.

Por otro lado, hay un grupo sorpresa. No sé si os tendréis que poner o no la gorra de Sherlock para adivinarlo. Puede que no. El tema es que, una vez lo hayáis adivinado, no dudo que vendréis a ver una sesión de vermut inolvidable.

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